El precio de ser humanos
y el poder decir adiós.
El tema que he tenido presente esta semana son las relaciones.
Esas relaciones que acaban sin explicación y también aquellas que acabamos por necesidad, porque nos damos cuenta que son más los contras que los pros de seguir ahí, y en este caso lo quiero abordar en el tema de la amistad, pero estoy segura que aplica lo mismo para varios tipos de relaciones.
Las personas llegan a nuestra vida en el momento perfecto. Y se van de la misma manera: en el momento que tiene que ser. Aunque no entendamos en ese momento y a veces queremos seguir forzando una relación.
Tu cuerpo y tu corazón saben cuando ya no te sientes seguro con una persona, lo he comprobado al ver o conectar con personas que fueron muy importantes en mi vida en algún momento y ahora ya no hay tema de conversación.
Te das cuenta de que los silencios con esas personas ya no se sienten tranquilos, los silencios ahora pesan y esa es una señal.
Te das cuenta de que esa persona sigue en tu corazón porque estuvo cerca en un momento importante para ti, pero ya no.
Cuando vamos creciendo es más sencillo identificar que ya no vas en cierto espacio, que la conversación se siente forzada y la conexión ya se fue.
Todas las personas llegan a enseñarnos algo justo cuando lo necesitamos, algunas llegan a inspirarnos demasiado, acompañarnos o escucharnos, y otras llegan a mostrarnos esas actitudes que no queremos tener.
Las personas se van de nuestra vida en el momento adecuado, pero hay veces que ellos quieren quedarse y somos nosotros los que debemos elegir irnos de ahí, porque sabemos que ya no vamos en esa relación y que se ven más nubes que luz al continuar con esa amistad o relación de trabajo.
Y con todo esto la pregunta que me ha venido a la mente durante estos días es: ¿realmente dos personas que se conocieron todos los miedos, los sueños y las dudas pueden volver a ser extraños?
Me gustaría decirte que ya encontré la respuesta, pero la verdad es que no.
Entiendo que la amistad se terminó, entiendo que nuestros caminos ya no van para el mismo lado, pero lo que no entiendo aún es como al ver a esa persona en la calle debo fingir que no sé que le dan miedo los payasos o qué su comida favorita es la pizza (o quizá ya no? no lo sé).
Entiendo que nuestra conexión ya no existe, pero siempre al hablar de mí y pensar en mis anécdotas no puedo evitar incluirte porque si no menciono esos momentos en los que fuiste parte siento que le falta una parte a la historia.
Y si le falta, porque ya no estás aquí, pero durante mucho tiempo si estuviste.
Ya me cansé de decirle a mi primo cada que pregunta por ti “Ahí anda, todo bien, ya casi no hablamos, pero ahí sigue” porque sí, ahí sigues, pero ya no sé en que caminos andas.
Se habla muchísimo de las rupturas amorosas, pero las personas que más me han roto el corazón han sido esos amigos que me han acompañado por tanto tiempo y ahora ya no tengo idea de qué hacen en su día a día.
Poder decir adiós, es crecer.
Dijo Gustavo Cerati, y cuanta razón tenía. Pero también crecer duele un chingo. Y decir adiós también.
Luego nos volvimos extraños, es el precio de ser humanos.
Dijo Siddhartha, y aunque se que tiene razón, a veces lo siento como un precio demasiado caro.
Una gran parte de esta carta la tenía en borradores desde Enero 2024 y apenas estos días me sentí lista para retomarlo, así pasa con muchas cosas en la vida, hay que darle tiempo. Quizá pronto tenga la respuesta o quizá solo llegaré a esta conclusión:
Gracias por leer (me)
-Lau



